Hace unos días la Sala Estudio 55 acogía una charla coloquio sobre el “El Cid Campeador como arquetipo contra la posmodernidad y el nihilismo en el tercer milenio” a cargo del periodista y escritor Chema Ferrer. Una tertulia, organizada por Valencia Forum que analizó la Obra del siglo XI, “El Poema de Mio Cid” considerada como la más importante de los cantares de gesta y que vuelve a las librerías, de la mano de la Editorial Upwordsmedia, con un formato ilustrado basada en el estudio de Ramón Menéndez Pidal (1.869 – 1968), uno de los intelectuales más destacados de su época, que puso de relieve el historicismo de esta Joya de la literatura española que fue descubierta en el Convento de Nuestra Señora del Espino, en Vivar de Cid (Burgos) en 1.596.
Menéndez Pidal recupera el héroe castellano para la literatura e historia de España, analizando en profundidad los valores que definieron a este personaje, que fue desterrado por Alfonso VI y temido en los campos de batalla por sus enemigos. La lealtad, el coraje y la dignidad de Rodrigo Díaz de Vivar queda en este análisis fuera de toda duda e incluso demuestra, según las investigaciones de Menéndez Pidal, realizadas en textos históricos tanto árabes, como franceses y españoles, que este Poema, escrito 40 años después de la muerte del Cid en Medinaceli, guarda una relevante veracidad, lejos de otros estereotipos, como el de soldado de fortuna dispuesto a luchar por el mejor postor o su impulsivo deseo de convertirse en un gran señor por su falta de derechos nobiliarios, que lo oscurecieron a lo largo de los siglos. Incluso el poeta desvela la falsedad de que Rodrigo Díaz de Vivar se hubiese quedado con tributos recaudados para el Rey de Castilla a los mozárabes andaluces.
Según Chema Ferrer, a pesar de su destierro, el Cid fue una persona integra, valiente que guardo siempre una gran lealtad a Alfonso VI, incluso en su destierro, al que agasajaba asiduamente haciéndole llegar tributo por sus Victorias, como los 100 caballos enviados después de derrotar al rey moro de Sevilla o los 200 enviados tras su victoria sobre Yucef en Valencia, obsequio, este último, que acompañaría con una petición real de acogimiento en Valencia para su esposa Doña Jimena, que según Chema tiene una historia interesantísima y no sólo por su capacidad de rechazar los ataques musulmanes en Valencia durante tres años.
El poema del Mio Cid está dividido en tres partes o “cantares”…
En la primera parte, el Cid es desterrado por el rey Alfonso VI tras ser acusado injustamente de quedarse con unos tributos. Algunos caballeros lo acompañan y, para financiar el viaje, consiguen dinero engañando a los judíos Raquel y Vidas con unos cofres llenos de arena. El Cid deja a su familia en el monasterio de San Pedro de Cardeña y comienza varias campañas militares, conquistando ciudades y enviando parte del botín al rey para recuperar su favor.
En la segunda parte, el Cid conquista Valencia y logra reunirse allí con su esposa e hijas. Gracias a sus éxitos, el rey lo perdona y los infantes de Carrión se casan con sus hijas, aunque el Cid desconfía de ellos.
En la tercera parte, los infantes muestran su cobardía y, humillados, maltratan y abandonan a las hijas del Cid en el robledo de Corpes. El Cid pide justicia al rey y, en un juicio celebrado en Toledo, los hombres del Cid vencen a los infantes en duelo. Los matrimonios se anulan y las hijas del Cid terminan comprometidas con los príncipes de Navarra y Aragón, devolviendo al Cid su máximo honor.
Si desean ustedes adquirir este libro lo podrán adquirir en librerías o escribiendo a info@upwordsmedia.com

